Aún no se las veces que ha cambiado mi opinión acerca de ti. Pasaste de hacerme sentir más de la cuenta, algo que yo no buscaba, a hacerme sentir insignificante. Pasaste de ser una meta, a un objetivo cumplido después de una lucha de meses, una batalla ganada, un triunfo disfrutado pero por muy poco tiempo... porque como siempre, volviste a desaparecer.
Como si la niebla de esa noche te hubiera comido de repente para esconderte de mi, tal vez porque la que primero huía era yo o porque realmente tú estabas huyendo. Llegué a creer que era culpa mía, que no era lo suficiente para ti, pero también llegué a creer que me estabas rompiendo en pequeños fragmentos de ilusión.
Y es que al final fui realmente consciente, porque al desconcertarme, al marearme con tus momentos inesperados, con tus momentos cálidos que pasaban a estar bajo cero de repente... que todo era un juego y nada más, que yo me involucré sin querer y que si era cierto lo que hacías era porque el que no me merecía eras tú.
Y si algún día, por alguna casualidad, el destino busca que me encuentres y pretendas quedarte... No habrá ni brazos, ni piernas abiertas. Mi corazón está muy bien cerrado, gracias por demostrármelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario