Que no son horas de fumar en la cama, en esa en la que me confesaste que te tienes miedo de las luces y de que te deje caer. Fui cosiéndote a mi clavicular...
Y ahora voy tapando espejos, llenándome de amuletos, comprometiéndome a no mirar atrás, a no esconderme detrás de una vieja gloria, la que no existe, que no estás.
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