martes, 12 de junio de 2012


Fue un salto intimo, disimulado, un mínimo cambio de ritmo apenas, un paso cambiado, y dos cuerdas que resuenan con un mismo número en distintos lados, o el paso exacto de dos soldados, como dos focos intermitentes, súbitamente así, sincronizados.

Voy a morderte los labios a cada milésima de segundo. A clavarte mis pupilas como si fueran chinchetas. Te demostraré las ganas que te tengo y lo que me importas. Mandaré a mis labios de excursión por tus orejas susurrando palabras sin sonido. Para el reloj. Me importa una mierda la hora que sea. Si es de día o de noche a nosotros no nos afecta. Lo único que importa somos tú y yo. Súbete conmigo a esa montaña rusa donde el ritmo marca los latidos de mi pecho. Donde tú y yo lo único que tenemos que hacer es dejarnos llevar. Donde voy a quererte hasta la última letra de tu nombre. Porque eso es que me apetece hacer hoy.



No confíes en esas personas que se abren muy rápido y empiezan a contarte cosas antes de tiempo. Confía en las personas que cada vez te dan más motivos para hacerlo. Que puedas contar tus amigos con los dedos de la mano. No sigas la corriente, pero tampoco llames mucho la atención. No cuentes secretos. No fumes, ni María ni decepciones. No te juntes con personas que tienen cotilleo y cuya vida te sabes de memoria sin haberlas ni siquiera saludado antes. Vive de manera que solo duela perder la señal del wifi. No te enamores, enamora. Si duele, respira y vé despacio. Dí las cosas tal cual quieres que las entiendan. Sonríe y échate perfume. Escucha, mira, aprende y luego habla. Estudia, mucho, pero desfasa aún más. Aprueba. No dejes que nadie te deje ese vacío. No es normal estar triste. Sal y dalo todo, de manera que puedas volver a casa y darte cuenta de que no les puedes decir la verdad a tus padres.

Olvida todo lo que te enseñaron y aprende lo que tú de verdad consideras útil. No folles, haz el amor.